lunes, 10 de noviembre de 2014

Nadie puede servir a dos señores

 De Lucas 16, 9-15; de Juan 2, 13-22

Ante Ti Señor, intentando no olvidar a quién doy culto. Mi ser y mi conciencia en Ti para darte culto a Ti y hacer de mi alma tu morada donde no haya cabida para mi ego. Siendo Tú, Señor de esta morada, que recuerde y tenga siempre presente que a quien sirvo es a Ti. Siervo fiel... un solo Señor. A imitación de María, siempre atenta, presta, dócil y llena de amor y ternura sirviendo. Todo en sus manos para que disponga de acuerdo a tu voluntad, que en consecuencia, es la suya: una sola voluntad, la del Amor.

Templo - morada de Dios, donde se rinde culto a Dios y donde se le adora. El espíritu es templo.
Servir - trabajar para Ti, servirte a Ti y no a mi ego. Sólo a Ti en las personas que me aproximas y haces presentes en mi vida para que las atienda y les sirva con amor, como María. Y no con quejas o fastidio. Todo lo puedo en aquel que me fortalece, dice san Pablo. Contigo sea.


Necesito aceptar con paz y sencillez los privilegios y honores con que me obsequias. No entrar en lucha.  No es posible evitar que existan ocasiones de pecado... Lucas 17, 1     Por supuesto que sé que no soy digna... pero Tú así te das, Tú así lo quieres. Algo me quieres enseñar. ¿Por qué entrar en lucha? Hay un espíritu que quiere perturbarme. Busca perturbarme a toda costa para confundirme. Yo sólo debo aceptar humildemente y poner en manos de María todo, como ofrenda. ¿Yo? sierva humilde, consciente de su misión de servicio. ¿Mi ego?... desplazado... minimizado... fuera... anonadado.

Ahora... silencio... para asumir humildemente, conscientemente todo esto ante Ti... porque es fácil caer en los juegos del ego y del espíritu maligno y dar servicio engañosamente a quien no quiero.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario