Lucas 5, 33-39
"¿Por qué los discípulos de Juan ayunan con frecuencia y hacen oración, igual que los discípulos de los fariseos, y los tuyos, en cambio, comen y beben?".
Jesús les contestó: "¿Acaso pueden ustedes obligar a los invitados a una boda a que ayunen, mientras el esposo está con ellos? Vendrá un día en que les quiten al esposo, y entonces sí ayunarán".
Les dijo también una parábola: "Nadie rompe un vestido nuevo para remendar uno viejo, porque echa a perder el nuevo, y al vestido viejo no le queda el remiendo del nuevo. Nadie echa vino nuevo en odres viejos, porque el vino nuevo revienta los odres y entonces el vino se tira y los odres se echan a perder. El vino nuevo hay que echarlo en odres nuevos y así se conservan el vino y los odres.
No se puede meter vino nuevo en odres viejos. Cada cosa donde le corresponde y en el momento indicado. Estando el Novio... no se puede ayunar sino celebrar. Por eso hay tiempo de penitencia y ayuno, prepararse en el encuentro: cuaresma y adviento.
No me puedo amarrar a mis juicios y prejuicios, ni a patrones ni esquemas.
Durante mi oración de silencio, es natural que vengan pensamientos. Me doy cuenta que algunos son pensamientos que tratan de amarrame a mi ego... eso es lo viejo... eso era y es aún lo habitual... lo viejo... un verborreo que corrompe el silencio de la Presencia y me distrae intentando atarme, liarme con mi ego... presunciones y juicios... Cuando está el Novio... se celebra con el Novio y no se dispersa uno ni se evade esa Presencia con parloteos, presunciones o luchas que intentan rebatir esos parloteos egocéntricos o prejuiciosos. Simplemente aceptar que surgen pensamientos de cualquier índole sin emitir juicios sobre ellos... simplemente dejarlos ir tal y como aparecen para que no me líen con mi ego. Aparecen y se van como el vaivén de las olas del mar. Los pensamientos en ese momento son irreales, son fantasías... son producto de la imaginación... la Presencia es real, ineludible, permanente y eternamente presente, aunque para algunos sea también producto de la imaginación. Puede serlo si yo deseo controlarla y describirla. Pero no lo es si yo dejo que Ella sea. Esa Presencia está, independientemente de todo, independientemente de cualquier concepto imaginario. Comprender esto es lo nuevo. Ser adoradores de Dios en cualquier momento y en cualquier lugar... eso es lo nuevo, no lo habitual, no lo que mi mente puede concebir... sino la Presencia... presente en todo momento. Y yo... ante ella sin aferrarme a mi ego.
En mi vida ordinaria tener presente lo que pertenece a lo viejo y a lo que me invita lo nuevo... la Buena Nueva de Jesús y que edifica su Reino.
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