viernes, 19 de septiembre de 2014

Estar presente



Estar presente… esta es parte esencial de la escucha además del silencio. Hace un instante estaba intentando hacer mi oración y me di cuenta de cómo me asaltaba alguna imagen de un monasterio silencioso que invitaba a la búsqueda de la unión con Dios. Siempre lo imagino con arcadas permitiendo la entrada de algunos rayos de la luz del atardecer. Añorando… algo que he anhelado, pero algo inexistente para mí en este momento. Esto equivale a estar ausente. Estar presente no significa necesariamente exaltación, porque el ego desea siempre apegarse a esta sensación agradable y entonces se olvida de la Presencia silenciosa de Dios. Estar presente es estar disponible sin que la imaginación construya lo que desearía escuchar, sentir… experimentar. Estar presente es no emitir juicios sobre lo que sucede o deja de suceder fuera  o dentro de mí, de acuerdo a mis patrones preconcebidos o mis expectativas egocéntricas. Hay momentos para callar, para silenciarse, para interiorizar la Presencia. Hay momentos en los que, a partir de la lectura de la Palabra, el Señor hace sugerencias sutiles o conduce y genera movimientos del corazón para que pueda comprender lo que quiere decir, para dejarse guiar por su voluntad encaminada siempre al amor. Entonces la Palabra resulta una fuente inagotable de riquezas para el alma creyente. Pero son necesarios los momentos de silencio, de hacer de lado lo preconcebido, de disponer el corazón confiando, sólo confiando… en actitud de abandono humilde y desapegado, simplemente estar presente ante su Presencia. Ampliar esta perspectiva y actitud de vida a las tareas cotidianas. Estar presente en cada actividad del día y realizarla con la plena conciencia y la entrega amorosa que requiere.

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