viernes, 8 de agosto de 2014

El que quiera venir conmigo que se niegue a sí mismo

 Mateo 6, 24-28

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: El que quiera venirse conmigo, que se niegue a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga.

Las palabras del Señor expresan exactamente lo que mi alma necesita en el momento preciso. Negarse a sí mismo... No Self... liberarse del ego, no ciclarme en su juego. Tomar mi cruz y seguirle... Ahora veo lo imprescindible que es discernir entre las verdaderas mociones del Espíritu y las obsesiones de una perfección que no es la que quiere el Señor. La perfección de la que habla Jesús y el tomar la cruz se fundamentan siempre en el amor y no en un cumplir reglas o imponerse metas inalcanzables. El Señor sabe que estoy hecha de barro. Creo que por mucho tiempo he confundido lo que significa la santidad. No hay santidad si no está basada en la caridad, en la comprensión, la compasión y la misericordia. El concepto santidad puede ser un móvil que sólo alimente al ego. Pero el Señor me guía y me sugiere que no son normas rígidas que me desgasten y deterioren mi salud y mi ánimo lo que quiere decir con tomar su cruz... Lo que me quiere decir es que hay tareas ineludibles que puedo llevar a cabo pero siempre con amor. Esta es mi cruz de cada día. Por ahora, llevar una rutina de servicio y atención a quienes conviven conmigo y que me necesitan. Todo hacerlo con caridad y compasión. Las demás normas que me impongo y me desgastan y deterioran mi salud son sólo objeto de un perfeccionismo obsesivo. Por eso es importante deslindarme del ego. Para tener paz y dar con paz. Una y otra vez, el Señor repite: la paz esté con ustedes. También quiere que nuestra alegría sea plena: Permanezcan en mi amor para que su alegría sea plena... Siervo fiel, ven a gozar de la alegría de tu Señor... El Señor quiere que gocemos de paz y tengamos dicha en Él por el amor. ¿De dónde viene entonces esa tendencia a sentir tristeza, desánimo, desconsuelo o agobio? Quiero esa paz, la paz de la aceptación del propio ser sí mismo con todo y el barro de mi naturaleza, la aceptación de las circunstancias de vida y sus dificultades que no pueden ser cambiadas... y llevar la cruz con amor, con aceptación serena.

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