domingo, 13 de julio de 2014

Parábola del sembrador

Mateo 13, 1-23

 Salió el sembrador a sembrar. Al sembrar, un poco cayó al borde del camino; vinieron los pájaros y se lo comieron. Otro poco cayó en terreno pedregoso, donde apenas tenía tierra, y como la tierra no era profunda brotó en seguida; pero en cuanto salió el sol, se abrasó y por falta de raíz se secó. Otro poco cayó entre zarzas, que crecieron y lo ahogaron. El resto cayó en tierra buena y dio grano: unos, ciento; otros, sesenta; otros, treinta. El que tenga oídos que oiga. 

grano, esta es mi palabra hoy. Esta palabra me hace recordar: Si el grano de trigo no muere no da fruto. Morir... morir al ego. Me doy cuenta perfectamente que lo que me contraría y me desgasta son aún cosas relacionadas con el apego al ego. Morir al ego... eso es lo que permite que el grano se transforme en fruto. La tierra fértil, una tierra en donde no domina el ego sino que domina el amor, la compasión, la misericordia. Al no haber ego se da espacio al amor. Es gracias al amor que brotan los frutos. Es escuchando la Palabra y el evangelio del amor, ser tierra fértil libre del apego al ego, que los granos podrán germinar, crecer y dar fruto. Todo esto, puede quedarse aún en palabras. Pero para que no quede en el sólo escuchar con entusiasmo y luego dejarse llevar por las preocupaciones de la vida y sus problemas, es preciso observar minuciosamente los momentos en los que en mi vida domina el apego al ego. Me estoy observando... ¿me contrarían algunas cosas? ...descubro apego al ego, a mis deseos, a lo que yo supongo que debe de ser y cómo debe ser. ¿Que me desilusionan algunas cosas específicas? ...apego al ego, falta de aceptación, falta de mansedumbre, de humildad. ¿Que a veces me siento fastidiada, que trabajo mucho y siento que no me consideran ni me ayudan todo lo que yo quisiera? Apego al ego pues me doy cuenta que lo que me desgasta no es el exceso de trabajo sino mis propios pensamientos que giran en torno a no sentirme considerada, ayudada lo suficiente, etc.. y esto me lleva a olvidarme de actuar con verdadero amor sino más bien por obligación. Es el apego al ego que no permite muchas veces que mi tierra sea fértil y dé los frutos del amor de los que habla Jesús en su parábola. Su Palabra es vida que hace fructificar. Escucharla es comprenderla con el corazón y hacer de lado al ego. Esto es el negarse a sí mismo del que habla el Señor... Señor, permite que así sea. Dame tu gracia para desprenderme y nada entorpezca que tu Palabra se haga vida y fructifique.

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