Morir al ego, disolverlo... amando a todo semejante como si fuera el propio yo. Disolverlo en el todos... movido, fortalecido, animado, encendido por el Todo.
La purificación, la transformación a través de las tareas más ordinarias, menos agradables para dimensionar lo pequeño que se es ante el todos y ante el Todo. Y sin pensar que se hace algo grandioso o heroico... muriendo al ego.
El silencio sagrado, silencio de soledad e intimidad con Dios prepara al alma para atender al llamado y a la voz del Verbo Divino. Silencio y Lectio Divina, dos elementos substanciales para la intimidad con Dios sumergiéndose en su Palabra y en su siempre amorosa voluntad. En este blog presento las consideraciones y reflexiones con las que el Señor me nutre y da vida a mi vida. Terapia Divina http://www.amazon.com/dp/B00GOZGX1A
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