de Mateo 9, 9-13
¿Cómo es que vuestro maestro come con publicanos y pecadores ? Jesús lo oyó y dijo: No tienen necesidad de médico los sanos, sino los enfermos. Andad, aprended lo que significa «misericordia quiero y no sacrificios» : que no he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores.
Quiero aprender del Señor. Estoy asumiendo ser mansa y humilde de corazón. Aprender de Ti, Dios mío. Hago
conciencia de estas palabras y me siento impresionada: Dios, Señor de
todo... manso y humilde de corazón. Humildad que nace de lo profundo y
que es auténtica. ¿Cómo hacer vida esto? Me repito una y otra vez estas
palabras cuando me descubro en algún pensamiento o actitud presuntuosa.
Hacer conciencia... modificar actitudes, silenciar la mente, ubicarme... ¿Cómo cristalizar y vivir las palabras del Señor? Se
necesita de una disciplina para enraizar, para asimilar, para vivir
estos valores evangélicos y cada una de las cualidades que hay que
aprender del Señor Jesús: la misericordia, por ejemplo. Misericordia quiero, no sacrificios. Son
los enfermos los que necesitan médico y no los sanos. Has venido a
buscar a los pecadores, no a los justos. Los justos, ya son justos, ya
están sanos. Ahora llamas a los pecadores, esta es tu misericordia
divina y esto es un gran consuelo y una gran esperanza. Mansedumbre,
humildad, misericordia... valores evangélicos... Tú dices: Aprendan de
mí... Tú eres el Maestro, Tú nos enseñas y nos dices cómo, cuál es el
Camino. Nos toca enraizar tus palabras, repetirlas como mantras en la
mente hasta que hagan surcos en la memoria, aparezcan en el momento preciso y necesario y poder hacerlas vida. Mansa y humilde de corazón. Comprender qué significa esto. Traer tus palabras a mi vida, repetirlas una y otra vez, hacer que resuenen en mi conciencia, asumirlas y vivirlas.
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