domingo, 6 de julio de 2014

Las enseñanzas del Señor

Sigo recibiendo tantas enseñanzas del Señor Jesús. Las palabras mansa y humilde de corazón aparecen en el momento preciso. Me voy sintiendo cansada y también fastidiada por la rutina actual de mi vida. Por la mañana pensaba que ya no era dueña de mi vida. Que me debo a las tareas de cuidado, higiene y atención de mi madre anciana. Ella es muy prudente, pero aún así me siento muy absorbida y no son tareas apasionantes ni placenteras. Que debo ser tolerante con la presencia de otras personas en mi casa. Que pierdo libertad y que me siento observada por esas personas. Que debo atender y estar solícita a las necesidades de mis hijos y familia, mi esposo, la casa... Que mi tiempo se diluye entre obligaciones y pocos o nada de actividades placenteras... De momento siento necesidad de colgar la toalla, como se dice popularmente, o sea, de abandonar todo. Mi salud física parece no estar muy bien. Tengo que esperar a ver qué dice el médico. Me siento deseosa de ver el rostro de mi Señor, pero a veces pienso que en el fondo es en parte un deseo de evasión. Pero hoy me habla Jesús de ser mansa y humilde de corazón y me hace sentir la necesidad de ser eso: mansa y humilde de corazón para lo que Él quiera. En esta etapa de mi vida se requiere de mi entrega y servicio, de mi paciencia, de mi obediencia (o mansedumbre a lo que la vida me pide), de esperar prudentemente diagnóstico y pronóstico de enfermedad. La Palabra no es estéril, basta alimentarse de ella y que el espíritu la asimile en profundidad en los hechos concretos de la vida. No puedo quejarme, porque muchas cosas han mejorado, muchísimas. Parte de la mansedumbre es aceptar en silencio y con amor los sucesos ineludibles. Y en esta aceptación va siempre una ofrenda y el Señor sabe por quién y por quiénes la ofrendo. El Señor me hace ver la necesidad que tiene mi corazón de abrirse en el suyo por todos a quienes Él ama: la humanidad entera.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario