Jeremías 7, 1-11
No os creáis seguros con palabras engañosas, repitiendo: «Es el templo del Señor, el Templo del Señor, el Templo del Señor. Si enmendáis vuestra conducta y vuestras acciones, si juzgáis rectamente entre un hombre y su prójimo; si no explotáis al forastero, al huérfano y a la viuda, si no derramáis sangre inocente en este lugar, si no seguís a dioses extranjeros, para vuestro mal, entonces habitaré con vosotros en este lugar, en la tierra que di a vuestros padres, desde hace tanto tiempo y para siempre.
Qué deseables son tus moradas, Señor de los Ejércitos ! ¡Qué deseables son tus moradas, Señor de los Ejércitos ! Mi alma se consume y anhela los atrios del Señor (del Salmo 83)
Mateo 13, 24- 30
Señor, ¿no sembraste buena semilla en tu campo ? ¿De dónde sale la cizaña? El les dijo: Un enemigo lo ha hecho. Los criados le preguntaron: ¿Quieres que vayamos a arrancarla? Pero él les respondió: No, que podríais arrancar también el trigo. Dejadlos crecer juntos hasta la siega, y cuando llegue la siega diré a los segadores: Arrancad primero la cizaña y atadla en gavillas para quemarla, y el trigo almacenadlo en mi granero.
Dios mío, tengo una enorme necesidad de Ti.
La
cizaña crece junto con el trigo bueno. ¿Dejar que la cizaña sofoque los
brotes de trigo? Discernir en mi alma, discernir en mi campo. Tu eres
morada y yo puedo ser tu morada. El templo de adoración es
intínsecamente el alma, el ser... cuando Dios habita en él. Cuando no se
busca fuera sino dentro en la práctica de la justicia y del amor. Esos
son los adoradores de verdad, dice el Señor. Pero hay que discernir... ¿cizaña? o ¿brotes de trigo bueno que crecen y dan fruto? ¿Dejarlos sofocar? Por sus frutos los conoceréis...
dice el Señor. La cizaña crece al lado de la semilla buena, hay que
discernir, hay que separar y escoger para poder ser templo o morada del
Señor.
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