Mateo 10, 24-33
El discípulo no es más que el maestro, ni el criado más que el señor.
Dos cosas me ha inspirado hoy el Señor. Una, es que reflexionaba que el trabajo que hago por los demás no debe ser motivo de queja, ni externarla, ni mascullarla para mis adentros. Que me debo a Quien sirvo. Que Jesús hizo todo en obediencia amorosa, desde servir siempre sin queja alguna (como María y también como José), hasta entregar su propia vida como prueba de su infinito amor y ofrenda de salvación. Me hace comprender que mi servicio es entrega porque no me pertenezco. Porque he dicho que no me pertenezco y como tal, debo asumir mi ofrenda.
Lo que les digo al oído, pregónenlo...
Por otro lado, el Señor sigue susurrando al oído cosas que sin duda quiere que comparta. Reflexionaba sobre mis propios pensamientos cayendo en la cuenta, una vez más, que yo tengo libertad de elegirlos. Puedo engancharme o mantener su desarrollo no, porque el Señor nos ha hecho libres. Puedo elegir entre permitirme pensamientos que critican, califican o descalifican prejuiciosamente en mi interior (aunque no lo externe) o decidirme por pensar y ver con benevolencia a quien critico y elegir orar con amor por esa persona. Esto me revela que puedo tomar conscientemente el camino de los pensamientos, actos y actitudes encausados al amor en vez de aquellos que descartan, descalifican o reprueban las actitudes de los otros, desconociendo además, sus motivaciones internas y su vida.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario