jueves, 12 de junio de 2014

Jesús sumo sacerdote

Lucas 22, 19

Luego tomó el pan, dio gracias, lo partió y lo dio a sus discípulos diciendo: "Este es mi cuerpo que se entrega por ustedes. Hagan esto en memoria mía. Después hizo lo mismo con el caliz, diciendo: Este es el caliz de la Nueva Alianza sellada con mi sangre, que se derrama por ustedes.


Voy poco a poco captando la profundidad del significado de la liturgia de la eucaristía. Tenía una gran tendencia a sentir fuerte compunciónen en este momento de la liturgia católica. Sigo consciente de la necesidad de compunción y arrepentimiento de mis faltas, miserias y pecados y los de la humanidad. Me di cuenta del abatimiento que las palabras emitidas en esta parte de la liturgia provocaban en mí. Un día experimenté conciencia y gratitud por la grandeza del amor de Dios. Mi énfasis en el dolor, compunción y abatimiento fue reorientado a la grandeza del invaluable amor de Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo. Cómo Cristo sella la Nueva y Eterna Alianza con su propia sangre y su entrega total, voluntariamente aceptada por verdadero amor a toda la humanidad. En la mayoría de las religiones se hacen ofrendas. La ofrenda suprema es la de Cristo, Él se entrega a sí mismo y se hace mediador y sumo sacerdote. Pide a sus discípulos que este Misterio de entrega y amor absoluta se represente en memoria suya. No puedo dejar de agradecer ese amor infinito y sorprenderme de todo lo que significa este sello hecho con su Sangre preciosa por toda la humanidad. Guarde Dios a los sacerdotes que le representan para que todo el Pueblo de Dios reciba el Misterio de su Cuerpo y Sangre para adorarle, agradecerle y dejarse transformar por el Alimento que da Vida Eterna.

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