sábado, 28 de junio de 2014

Fiesta del Sagrado Corazón de Jesús

1 Juan 4,  7-16

Si Dios nos amó de esta manera, también nosotros debemos amarnos unos a otros. A Dios nadie lo ha visto nunca. Si nos amamos unos a otros, Dios permanece en nosotros y su amor ha llegado en nosotros a su plenitud.
Hoy fue un día muy importante para mí. En las tres lecturas hubo versículos mediante los cuales el Señor quiso hacerme entender cosas. En la carta de Juan, el apóstol dice: A Dios nadie lo ha visto nunca. ¿Quién puede conocerle? Solamente Jesucristo, quien viene de Él. Sólo Cristo puede mostrarnos cómo es el Padre pues le conoce, al ser Uno con Él. Al escuchar las lecturas de la celebración eucarística fui comprendiendo nuevas cosas acerca de Dios y su amor. En la primera lectura (Deut 7, 6-11), Habla de lo que dijo Moisés al pueblo, de la Alianza de Dios verdadero y fiel y de su misericordia para los que lo aman y cumplen sus mandamientos; pero castiga o paga en su persona acabando con él (según otras traducciones) a quienes lo odian, y los hace perecer sin demora, dice en el Deuteronomio. 

Señor, yo sé que tu misericordia es para todos y especialmente para aquel que más la necesita. Sé que el que te aborrece o te odia es porque no te conoce, porque si te conociera en verdad, te adoraría. Pero sólo Cristo conoce perfectamente al Padre porque es Uno con Él. ¿Por qué entonces el drama del dolor? ¿Es un castigo? ¿Por qué la muerte? El dolor nos enfrenta a nuestra naturaleza humana y puede hacernos ver lo frágiles que somos ante las leyes de la naturaleza, lo débiles que somos ante las tentaciones que por egoísmo y soberbia nos hacen sucumbir. El dolor, la muerte, nos hacen comprender y aceptar la necesidad que tenemos de Ti, la necesidad de humildad y mansedumbre. ¿Castigo? o ¿deseo de que la creatura humana comprenda humildemente su fragilidad y tu amor verdadero? ¿Quién puede estar libre de culpa?

En el Salmo 102, oramos como el salmista: Bendice alma mía al Señor... El Señor perdona todos tus pecados y cura tus enfermedades; Él rescata tu vida del sepulcro y te colma de amor y de ternura...  El Señor es compasivo y misericordioso... No nos trata como merecen nuestras culpas, ni nos paga según nuestros pecados. Nos rescata del sepulcro, significa: nos rescata de la muerte.

Mateo 11, 25-30

 —Te doy gracias, Padre, Señor de cielo y tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos y se las has revelado a la gente sencilla. Sí, Padre, así te ha parecido mejor. Todo me lo ha entregado mi Padre, y nadie conoce al Hijo más que el Padre, y nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquél a quien el Hijo se lo quiera revelar. Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados y yo os aliviaré. Cargad con mi yugo y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón y encontraréis vuestro descanso. Porque mi yugo es llevadero y mi carga ligera. 

Mansedumbre y humildad que derriban los muros que se levantan por el egoísmo y separan del prójimo y alejan de Dios... Mansedumbre y humildad que permiten aceptar la propia fragilidad humana y sus limitaciones, Mansedumbre y humildad para aceptar al otro y comprenderle. Mansedumbre y humildad para amar. Si Dios nos amó de esta manera, también nosotros debemos amarnos unos a otros. A Dios nadie lo ha visto nunca. Si nos amamos unos a otros, Dios permanece en nosotros y su amor ha llegado en nosotros a su plenitud. 
Que las gracias que brotan como manantial perpetuo del Sacratísimo corazón de Jesús nos inunden y transformen día a día y nuestro humano corazón se albergue en el corazón amoroso de Jesús. Dice el Señor: Si alguno tiene sed, que venga a mí y beba. De aquel que cree en mí, brotarán ríos de agua viva.

Solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús. Oración después de la comunión:
   Señor y Padre nuestro, que este sacramento de amor nos haga arder en santo afecto, de modo que, atraídos siempre hacia tu Hijo, sepamos reconocerlo en nuestros hermanos. Él que vive y reina por los siglos de los siglos.

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