El Amor perfecto
Mateo 5, 38-42
"Sabéis que está mandado: "Ojo por ojo, diente por diente". Pues yo os digo: No hagáis frente al que os agravia. Al contrario, si uno te abofetea en la mejilla derecha, preséntale la otra; al que quiera ponerte pleito para quitarte la túnica, dale también la capa; a quien te requiera para caminar una milla, acompáñalo dos; a quien te pide, dale; y al que te pide prestado, no lo rehúyas".
"Sabéis que está mandado: "Ojo por ojo, diente por diente". Pues yo os digo: No hagáis frente al que os agravia. Al contrario, si uno te abofetea en la mejilla derecha, preséntale la otra; al que quiera ponerte pleito para quitarte la túnica, dale también la capa; a quien te requiera para caminar una milla, acompáñalo dos; a quien te pide, dale; y al que te pide prestado, no lo rehúyas".
Esto puede provenir sólo de quien es Amor perfecto. Por eso no podemos asumir y menos afirmar lo que Dios hace y siente por sus creaturas. Nosotros juzgamos de forma humana, y tendemos a suponer que Dios juzga igual. Pero Dios es Amor perfecto. El sol nace para buenos y malos y la lluvia cae para justos e injustos. ¿Quién puede igualar el amor del Señor? ¿Quién puede excluir o condenar a otro, si nuestros juicios son meramente humanos? Jesús, aún en la cruz, dijo: Perdónalos Señor que no saben lo que hacen. Cuando afirman: Dios castiga... ¿Es que Dios castiga? o bien, ¿que nos da oportunidad de necesitar de Él para que le busquemos y creamos en Él, el perfecto Amor?
El modelo del Amor perfecto es que ama a todos. La vivencia de hoy fue descubrirme protegiendo emocionalmente mi espacio y darme cuenta de la actitud y reacción inconsciente de mi ego. Protegiendo un espacio que para nada es mío. Fue esa sensación de invasión al ver que otra persona se había sentado ya en la misma banca en la que yo me siento y me aíslo para poderme concentrar y pasar lo más inadvertida posible. La gracia fue verme y darme el Señor la oportunidad de rectificar. Le pido a Dios que me haga distinguir entre actitudes e intenciones egocéntricas, juicios y prejuicios hacia los demás que me separan de ellos y la comprensión y respeto por el otro sin juzgar internamente sus actitudes. Desconozco el interior del alma de esa persona y el Señor no me da el derecho de juzgarla ni contrariarme por su presencia cercana. Antes no veía, ahora veo...
Por otro lado, el Señor me ha ayudado también a reconocer que los pensamientos egocéntricos surgen y que son tentaciones que pueden o no amarrarme; puedo o no caer en ellas. Todos tenemos tentaciones. Por eso con toda sabiduría, Jesús nos enseñó a decir: No nos dejes caer en la tentación... Es diferente que surjan pensamientos centrados en el ego y no me amarre a ellos, a tener actitudes francamente egocentristas. Soltar el ego, morir a él, liberarme de él y no perder ecuanimidad, permanecer impasible, serenamente impasible, atenta al Amor perfecto.
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