Mateo 5, 1-12
En aquel tiempo, al ver Jesús el gentío, subió a la montaña, se sentó, y se acercaronsus discípulos; y él se puso a hablar, enseñándoles:
Dichosos los pobres en el espíritu, porque de ellos es el Reino de los Cielos.
Dichosos los sufridos, porque ellos heredarán la Tierra.
Dichosos los que lloran, porque ellos serán consolados.
Dichosos los que tienen hambre y sed de la justicia, porque ellos quedarán saciados.
Dichosos los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia.
Dichosos los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios.
Dichosos los que trabajan por la paz, porque ellos se llamarán «los Hijos de Dios».
Dichosos los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el Reino de los
cielos.
Bienaventuranzas... Mueve hoy mi corazón de forma especial: Dichosos los limpios de corazón porque ellos verán a Dios...
De nuevo alegría, dicha, gozo... poder llegar a ver a Dios, su rostro,
su gloria, ¿qué más desear?. ¿Qué es ser puro de corazón? ¿Cómo puedo hacer para tener un corazón limpio? ¿Tener un corazón puro aporta la alegría y la dicha que todo corazón anhela, aquella de la que habla el Señor?
Naturalmente que un corazón puro no sufre por apegos, ni egoísmos y obra
de acuerdo a la Ley del amor, no tiene dobles intenciones, no se deja llevar por egoísmos. Las obras realizadas en el amor aportan
gozo... El ego obedece a muchos distractores. Un corazón limpio abre los ojos y
ve con claridad para actuar con claridad en el amor, la empatía y la compasión. El Señor da la gracia para ver con claridad. Sentir paz y alegría porque al descubrir los pensamientos egocéntricos y no desearlos me invita a silenciarme. Con el silencio interior no hay resistencias, turbulencias, presunciones, auto exaltación ni luchas... sólo paz y presencia del Señor. Esta presencia no da cabida a los vanos e inútiles pensamientos presuntuosos, prejuiciosos, descalificadores, egocéntricos e intrusos. En ellos me descubro algunas veces. Adquirir conciencia de lo vano e inútil de todos estos pensamientos. Descubrirlos, no anclarse, hacer silencio en el Señor, dejarlos ir, recibir su paz... y donarse bajo la fuerza de la Ley del amor, del verdadero amor. Los prejuicios, descalificaciones, presunciones... se desvanecen...
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