Lucas 24,13-35
Ya cerca de la aldea donde iban, él hizo ademán de seguir adelante; pero ellos le apremiaron, diciendo: "Quédate con nosotros, porque atardece y el día va de caída." Y entró para quedarse con ellos. Sentado a la mesa con ellos, tomó el pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo dio. A ellos se les abrieron los ojos y lo reconocieron. Pero él desapareció. Ellos comentaron: "¿No ardía nuestro corazón mientras nos hablaba por el camino y nos explicaba las Escrituras?" Y, levantándose al momento, se volvieron a Jerusalén, donde encontraron reunidos a los Once con sus compañeros, que estaban diciendo: "Era verdad, ha resucitado el Señor y se ha aparecido a Simón." Y ellos contaron lo que les había pasado por el camino y cómo lo habían reconocido al partir el pan.
Quédate con nosotros. Este es un anhelo que late en el fondo de mi corazón. No te vayas Señor. Quiero sentir el calor, la claridad y luz de tus ojos. Quiero que la compasión, ternura y amor que emana de tus ojos permanezca de tal forma que ilumine, y la atmósfera entera de la Tierra sea transformada en bondad y comprensión. Quédate en cada unos de nosotros después de recibir el Pan de Vida que es tu Cuerpo sacrantísimo. Que este alimento sagrado y divino sea la energía que nos conduzca a amar en Ti a toda creatura. Quédate con nosotros, que tu Corazón Eucarístico haga que abramos el corazón y extendamos los brazos en abrazo fraterno y entrañable a la vez. Que el bienestar y gozo del Monte Tabor inunde a toda alma. Quédate Señor... que la esperanza de albergarnos en la misma morada donde habitas Tú se transforme en certeza. Que nuestros ojos velados se abran para reconocer tu existencia, tu Presencia siempre amorosa... Señor... Quédate por favor.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario