viernes, 23 de mayo de 2014

Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos

 Hechos de los apóstoles 15, 22-31


Hemos decidido, por unanimidad, elegir algunos y enviároslos con nuestros queridos Bernabé y Pablo, que han dedicado su vida a la causa de nuestro Señor Jesucristo.

Juan 15, 12-27


«Este es mi mandamiento: que os améis unos a otros como yo os he amado. Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos. Vosotros sois mis amigos, si hacéis lo que yo os mando. Ya no os llamo siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su señor: a vosotros os llamo amigos, porque todo lo que he oído a mi Padre os lo he dado a conocer. No sois vosotros los que me habéis elegido, soy yo quien os he elegido y os he destinado para que vayáis y deis fruto, y vuestro fruto dure. De modo que lo que pidáis al Padre en mi nombre os lo dé. Esto os mando: que os améis unos a otros.» 

Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos..

Amigos... el amor más grande... Dar la vida por quien se ama. Sé que no esperas de mí algo tan extraordinario como el martirio, Señor. Pero entiendo el concepto de entrega como la entrega cotidiana de mi vida. Como Pablo y Bernabé que dedicaron su vida a la causa de nuestro Señor Jesucristo.  Esto es... dedicarla la vida entera por tu causa. El testimonio cristiano, vivir mi vida de tal forma que sea una entrega fiel de acuerdo a los principios que Tú me planteas en cada momento. Por esto necesito la constante y permanente conciencia de tu presencia, tu existencia, de tu amor y de tu entrega total. Todo el tiempo tengo gente que me rodea, todo el tiempo realizo tareas de una u otra índole... en ellas mi motivo e intención más profunda sea el amor. Tú ya me permites distinguirlo. Quiero amar de manera sencilla, humilde, limpia y entregada sin sentirme amarrada a mis propias obsesiones. Entregarme simplemente con la simplicidad de un niño y la ternura de una madre y no hacer distinciones porque en cada uno estás Tú. Para esto necesito tener paz, hacer silencio, invocar tu dulce nombre. Para esto necesito deshacerme de prejuicios sobre algunas personas. Liberarme y amar como un niño y como una madre a la vez... a unos y a otros... amar sin distinciones. Oportunidades diarias tengo muchas. De nada sirve decir amar a todos si en el fondo hay con algunos cierto recelo, resentimiento, cansancio. Por la causa de Cristo... por el proyecto del Padre. En verdad deseo el bien a todos, sé que eso es lo que el Padre quiere. Que las oportunidades específicas que tengo, no me olvide un momento del Hijo que todo lo entrega.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario