Juan 10, 22-30
Mi Padre, que me las ha dado, supera a todos, y nadie puede arrebatarlas de la mano del Padre. Yo y el Padre somos uno.»
La mano... que sostiene, que protege, que da apoyo, que bendice...
Nadie puede arrebatarlas de la mano del Padre. Esta afirmación de Jesús es esperanza gozosa. Vivir un cristianismo lleno de alegría y esperanza, como dice el Papa Francisco porque el Señor no abandona a sus ovejas. Esos momentos que he pasado de angustia o tristeza en otras etapas de mi vida pierden sentido porque el Señor de la vida nos tiene en su mano que protege. El Padre es superior a todos y Cristo es uno con Él. El Padre todo lo puede y ¡qué no hará para impedir que sus hijos le sean arrebatados de su mano! Pienso en mi hijos queridísimos y pienso en toda creatura amada del Padre... Las angustias se desvanecen o adquieren otro matiz cuando la idea de ser sostenidos por su mano se experimenta como una realidad. El Padre ama a sus hijos e hijas. El Buen Pastor ama y vela por sus ovejas y fue capaz de dar la vida por ellas antes que perderlas. Pero la muerte no lo vence y retoma la vida y una vida llena de gloria. Alabado por siempre sea Dios.
El silencio sagrado, silencio de soledad e intimidad con Dios prepara al alma para atender al llamado y a la voz del Verbo Divino. Silencio y Lectio Divina, dos elementos substanciales para la intimidad con Dios sumergiéndose en su Palabra y en su siempre amorosa voluntad. En este blog presento las consideraciones y reflexiones con las que el Señor me nutre y da vida a mi vida. Terapia Divina http://www.amazon.com/dp/B00GOZGX1A
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