Juan 20, 19-31
Al anochecer de aquel día, el primero de la semana, estaban los discípulos en una casacon las puertas cerradas, por miedo a los judíos. Y en esto entró Jesús, se puso en medio y
les dijo:
—Paz a vosotros.
Y diciendo esto, les enseñó las manos y el costado. Y los discípulos se llenaron de
alegría al ver al Señor.
...Dichosos los que crean sin haber visto.
Muchos otros signos, que no están escritos en este libro, hizo Jesús a la vista de los
discípulos. Estos se han escrito para que creáis que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y
para que, creyendo, tengáis vida en su Nombre.
Por alguna razón las palabras miedo y alegría resonaron en mí al hacer la lectio. Sentimientos muy humanos. He sentido muchas veces miedo y angustia por las exigencias de la vida y algunos sucesos dolorosos. Pero ahora el Señor me hace ver que siento miedo cuando no confío, y no confiar en Él significa falta de fe. Cuando en Él confío y creo en Él como Dios Vivo y eterno Resucitado siento paz. Y todas mis lectios de los últimos días tienen una secuencia con la que el Señor me sorprende. Me ha hablado de creer, me ha hablado de remover la roca que impide que vea su misericordia y su amor. Creo que es en esto en lo que quiere hacer énfasis... que confíe en su amor y su misericordia, que está vivo, que es mucho más que una creencia por tradición, que es mucho más de lo que mi mente pueda concebir y que su amor por todos es infalible. Cuando me hago consciente de que su amor no abandona, que Él es verdaderamente misericordioso, que puedo dejar en sus manos amorosas a mis seres queridos aun cuando no comprenda muchas cosas que desearía yo cambiar pero no puedo... cuando creo y no sigo dudando... entonces sé que puedo ser dichosa.
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