La acción del Espíritu Santo
Hechos de los apóstoles 4, 32-37
En el grupo de los creyentes todos pensaban y sentían lo mismo: lo poseían todo en común y nadie llamaba suyo propio nada de lo que tenía.Los apóstoles daban testimonio de la resurrección del Señor Jesús con mucho valor. Y Dios los miraba a todos con mucho agrado...
Me conmueve mucho este sentir y actuar de aquellos primeros creyentes. Yo sé que en la actualidad hay congregaciones en donde se vive esto. ¡Cuánto me hubiera gustado estar en una de ellas y unirme a ese sentir común de pobreza, de compartir y de vivir en la alegría del evangelio. Pero mi realidad es otra y en esta realidad necesito vivir lo que mi condición de laico me permite. Me entusiasma y llena de gozo cuando dice Lucas en este pasaje: Y Dios los miraba a todos con mucho agrado... Me gustaría imaginarme que Dios me mira con agrado cuando llego a comprender lo que es servirle con humildad y amor a los demás. Desearía con el alma ver una sonrisa en su rostro. Sé que la esboza en algunos momentos y desearía que siempre fuera así. También la idea de compartir, como dice el pasaje arriba: nadie llamaba suyo propio nada de lo que tenía. Creo que esto es verdad... tengo pero no puedo amarrarme y sé que Dios me lo ha dado y no compartirlo sería una necedad. Tengo que trabajar en esto porque me descubro con esa sensación de tener como mío mucho de lo que he recibido.
El Espíritu Santo sopla donde quiere...
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