lunes, 21 de abril de 2014

Ellas se asieron a sus pies y le adoraron.

Mateo 28, 1-20


Pasado el sábado, al alborear el primer día de la semana, María Magdalena y la otra María fueron a ver el sepulcro. De pronto se produjo un gran terremoto, pues el Ángel del Señor bajó del cielo y, acercándose, hizo rodar la piedra y se sentó encima de ella. Su aspecto era como el relámpago y su vestido blanco como la nieve. Los guardias, atemorizados ante él, se pusieron a temblar y se quedaron como muertos. El Ángel se dirigió a las mujeres y les dijo: Vosotras no temáis, pues sé que buscáis a Jesús, el Crucificado; no está aquí, ha resucitado, como lo había dicho. Venid, ved el lugar donde estaba.Y ahora id enseguida a decir a sus discípulos: Ha resucitado de entre los muertos e irá delante de vosotros a Galilea; allí le veréis. Ya os lo he dicho. Ellas partieron a toda prisa del sepulcro, con miedo y gran gozo, y corrieron a dar la noticia a sus discípulos.En esto, Jesús les salió al encuentro y les dijo: ¡Dios os guarde! Y ellas, acercándose, se asieron de sus pies y le adoraron.

Imagino la escena, el alba resplandece e ilumina con una luz nueva el día naciente. Las mujeres se llenan de temor y de gozo al mismo tiempo. El temor aparece por no saber la razón de la presencia de esos seres luminosos. Temor por desconocer lo que vienen a comunicar. Se experimenta el gozo al saber que el Maestro amado ha resucitado. Gozo y adoración al descubrir su grandeza. Gozo y adoración al corroborar su poder y divinidad. Gozo que reemplaza todo dolor porque lo anunciado por Él cobra vida, es real. Un gozo que no puede equipararse a nada. Un gozo que a partir de entonces no perturbó su fe y tuvieron la fuerza para anunciar, para transmitir el mensaje a los demás discípulos. Un mensaje que hoy llega a mí también y me llena de emoción. Ellas se asieron a sus pies y le adoraron. Yo me sostengo firmemente también de Él. Si no me sostuviera moriría amarrada a mis apegos. Pero Él le da sentido a mi vida y en Él me refugió y digo: En tu amor confío. Si pierdo lo que amo mi vida continuará, inmersa en Ti no perderá sentido.

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