Juan 5, 31-47
Yo he venido en nombre de mi Padre, y no me recibisteis; si otro viene en nombre propio, a ése si lo recibiréis. ¿Cómo podréis creer vosotros, que aceptáis gloria unos de otros y no buscáis la gloria que viene del único Dios? No penséis que yo os voy a acusar ante el Padre, hay uno que os acusa: Moisés, en quien tenéis vuestra esperanza. Si creyerais a Moisés, me creeríais a mí, porque de mí escribió él. Pero, si no dais fe a sus escritos, ¿cómo daréis fe a mis palabras?»
Dar fe a tus palabras...
Dar fe a tus palabras como dieron fe tus discípulos a tus palabras y a tus obras. No he escuchado tu voz, no he visto tu semblante... Pero dentro de mí sé que las palabras que los evangelistas expresan sobre Ti son palabras verdaderas. Tienen un sentido profundo que no me deja indiferente. Son palabras que laten, tienen vida, no son superficiales, no intenten adular, no son proselitistas. Son palabras que resuenan, palabras que cimentan, mueven, conmueven.¿Cómo decir creer si el amor de Dios no fuera el móvil de mis obras?
¿Cómo decir creer cuando lo que se busca es la propia gloria y no la gloria del único Dios? El silencio en Ti me induce a reconocer la necesidad de la humildad. El silencio en Ti es un preámbulo para recibir tus palabras como norma valiosísima de vida. Tú, vivo y actual, tus palabras vivas y eternas porque son palabras de amor sustentadas en el amor. ¿Cómo no creer en Ti?
No hay comentarios.:
Publicar un comentario