jueves, 3 de abril de 2014

¿A qué le doy prioridad en mi vida?

Hay una palabra que ha estado resonando en mi mente. La palabra es anteponer. Mi conciencia me la ha estado sugiriendo y repitiendo. ¿Qué antepongo o a quién?  ¿Qué pongo como prioridad en mi vida? Me respondo sin pensarlo que a Dios. Y sin duda es así. Sin embargo mi conciencia se hace cada vez más despierta. Hoy que asistí a la Eucaristía llegué a la iglesia e hice lo que siempre hago... entrar, caminar hasta el frente en un lugar poco visible, haciendo al pasar reverencia ante el sagrario diciéndome: aquí está Jesús... Señor... Llegué al lugar acostumbrado y me descubrí con prisas para buscar en la Liturgia de las horas las oraciones correspondientes del Laudes. ¿Por qué esa prisa? ¿Qué antepongo en este momento? ¿A qué le doy primacía? ¿A tener las cosas como deben o a recogerme en el Señor con un espíritu de veneración, adoración, intimidad... diálogo, saludo? ¿Qué es primero?

Me vino a la mente todo esto que el Señor me sugirió referente a anteponer siempre el amor. En cualquier acto y cualquier pensamiento, anteponer a Dios, darle total primacía y anteponer en todo el amor.

Ahora recuerdo algo que también mi conciencia ha descubierto. Cuando canto en la asamblea eucarística ¿canto orando y levantando todo mi ser a Dios con atención plena y concienca de que es a Él a quien me dirijo? ¿O canto tratando de cantar bonito y atenta a mi forma de cantar y la forma en la que cantan los demás? ¿A quién antepongo? Estoy traajando en esto. Lo esencial ahora es tener la conciencia de reconocer estas diferencias y redirigir mi mirada, mi atención y mi ser a quien digo adorar.

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