Nadie puede servir a dos señores...
Mateo 6, 24-34
La Palabra de hoy hace surcos en mi alma
Nadie puede servir a dos señores
Por supuesto que esta palabra ya me ha dicho mucho en otras ocasiones. Sólo que penetra a niveles cada vez más profundos. Ya no queda tan en la superficie como el decirme a mí misma: ¿Dios o el dinero?, sino que trasciende aún más. Se trata de la claridad de las intenciones. ¿En quién o en qué están puestas mis intenciones inconscientes? ¿A qué nivel de profundidad puedo mirar las intenciones de mis actos, de mis actitudes, de mis pensamientos? ¿Quién o qué ocupa el lugar primordial de mis intenciones profundas? ¿Yo misma o mi Señor y en mi Señor el amor? La Palabra de Dios hace surcos en la tierra de mi campo. En todas las lecturas de hoy encontré palabras que calaban.
Almacenar... Las aves no almacenan... ¿para qué sirve almacenar? ¿Para qué acumular? ¿Qué es lo primordial? Buscar tu Reino y su justicia. Quien busca el Reino de Dios y su justicia no necesita almacenar ni acumular porque busca la justicia y en ella el Reino. Basta con lo que cada día se me presenta y requiere de mí. Ahora estoy en donde debo estar, cuidando a quien me dio la vida en este mundo. El Señor me dice que eso basta por hoy, no necesito agobiarme por lo que no puedo hacer hoy.
Isaías 49, 14-15
¿Es que puede una madre olvidarse de su criatura, no conmoverse por el hijo de sus entrañas? Pues, aunque ella se olvide, yo no te olvidaré. Es difícil que una madre olvide al hijo de sus entrañas. Mi madre nunca me olvido y ahora yo tampoco la olvido. Ahora soy el bálsamo para su cuerpo cansado que casi se extingue. Tú tampoco me olvidas, Tú no nos olvidas. Tú creaste e infundes el amor maternal en la mujer madre. Y tu amor va aún más allá. En él confío en plenitud.
Del Salmo 61
Descansa mi alma sólo en Dios, alma mía. Porque sólo Él es mi esperanza.Descansa... sí, descansa... Él Señor es tu esperanza, el Señor es mi esperanza.
Leí todas estas lecturas a mi madre, y nos han nutrido tanto a ella como a mí.
Cor 4, 1-5
La conciencia, es verdad, no me remuerde; pero tampoco por eso quedo absuelto: mi juez es el Señor. Así, pues, no juzguéis antes de tiempo: dejad que venga el Señor. Él iluminará lo que esconden las tinieblas y pondrá al descubierto los designios del corazón; entonces cada uno recibirá la alabanza de Dios.
¿Lo escuchas madre? Nuestro juez es el Señor, deja que venga. Él ilumina lo que esconden las tinieblas... pone al descubierto los designios y las intenciones del corazón. Él ilumina, da claridad y pone al descubierto. Esperemos al Señor, y mientras, pongamos a la luz lo que se ocultaba en las tinieblas del inconsciente. Esto es lo que me ha ido sucediendo.
Hay más en estas lecturas. Están llenas de significado y de fuerza. Basta con entrar mar adentro o excavar a profundidad en el alma y el subconsciente para que los nutrimentos divinos penetren del subconsciente hasta el nivel de la conciencia.
Y mi corazón se llena de gratitud...
No hay comentarios.:
Publicar un comentario