Lc 1, 26-38
Alégrate llena de gracia, el Señor está contigo.
El Espíritu Santo vendrá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el que ha de nacer será santo y se le llamará Hijo de Dios....
... no hay nada imposible para Dios...
He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra...
Cuanto más profundizo en la esencia y persona de la llena de gracia, sierva del Señor, más me siento atraída por su dulzura, perfección, pureza, obediencia, humildad y confianza absoluta en el Altísimo. Me llena y me llama a tenerla como el modelo perfecto de cristiana seguidora de Jesús. Contemplativa por excelencia, amorosamente unida a su voluntad. Humilde y de corazón purísimo pues no se busca a sí misma. Este es mi anhelo... vivir unida a su voluntad confiando plenamente en el amor de Dios y su sabiduría. Nada que el Señor me pida está falto de amor. Antes al contrario, sus designios están llenos de amor pues desea el mayor bien de sus creaturas. Y le imploro a la Llena de gracia: purifica mi corazón, infunde en mí tu humildad, y estréchame en tus brazos para que confiada diga siempre sí a su amorosa voluntad.
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