Jesús
dijo a sus discípulos:
"No piensen que vine para abolir la Ley o los Profetas: yo no he venido a abolir, sino a dar cumplimiento.
Les aseguro que no desaparecerá ni una i ni una coma de la Ley, antes que desaparezcan el cielo y la tierra, hasta que todo se realice.
El que no cumpla el más pequeño de estos mandamientos, y enseñe a los otros a hacer lo mismo, será considerado el menor en el Reino de los Cielos. En cambio, el que los cumpla y enseñe, será considerado grande en el Reino de los Cielos".
"No piensen que vine para abolir la Ley o los Profetas: yo no he venido a abolir, sino a dar cumplimiento.
Les aseguro que no desaparecerá ni una i ni una coma de la Ley, antes que desaparezcan el cielo y la tierra, hasta que todo se realice.
El que no cumpla el más pequeño de estos mandamientos, y enseñe a los otros a hacer lo mismo, será considerado el menor en el Reino de los Cielos. En cambio, el que los cumpla y enseñe, será considerado grande en el Reino de los Cielos".
Cumplir y enseñar a los otros... ¿Qué significa cumplir? ¿Es llevar a cabo algo como una obligación, como una carga pesada, impuesta en la que el corazón y la voluntad están lejos? ¿Es algo que por cumplirlo me angustio, me obsesiono en un "perfeccionismo" que no es lo que Cristo quiere?
Creo que estaría muy lejos de ser eso lo que me pide el Señor. Lo único que quiere es que todo acto nazca del amor, encarnar, gestar en mí, dar a luz el amor en mis acciones, actitudes... Que cuando Él me dé la gracia de descubrirme a mí misma pensando, rumiando en actitud de desamor, pueda silenciarme, buscarlo, presentirlo amoroso, vislumbrar sus ojos irradiando luz y ternura y pueda cambiar mis pensamientos, esas acciones, sentimientos y actitudes para cumplir su voluntad. La ley del amor, amor en Él, a Él y hacia los demás. Enseñar sus mandamientos no se trata de predicar con palabras que no sean congruentes con la vida. Enseñar a otros los mandamientos del Señor implica vivirlos...
Creo que estaría muy lejos de ser eso lo que me pide el Señor. Lo único que quiere es que todo acto nazca del amor, encarnar, gestar en mí, dar a luz el amor en mis acciones, actitudes... Que cuando Él me dé la gracia de descubrirme a mí misma pensando, rumiando en actitud de desamor, pueda silenciarme, buscarlo, presentirlo amoroso, vislumbrar sus ojos irradiando luz y ternura y pueda cambiar mis pensamientos, esas acciones, sentimientos y actitudes para cumplir su voluntad. La ley del amor, amor en Él, a Él y hacia los demás. Enseñar sus mandamientos no se trata de predicar con palabras que no sean congruentes con la vida. Enseñar a otros los mandamientos del Señor implica vivirlos...
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